Hay formas de malestar que no empiezan en la vida adulta, aunque se noten ahora. A veces tienen que ver con cómo aprendiste a pedir ayuda, a confiar, a protegerte o a sentir que merecías cariño.
No siempre hablamos de una infancia “terrible”. Muchas heridas nacen de experiencias repetidas de soledad, crítica, exigencia, miedo, poca validación o desconexión emocional. Cosas que quizá entonces parecían normales, pero que pudieron dejar una huella profunda.
El EMDR permite trabajar esas huellas para que tu pasado deje de organizar tu presente desde la sombra.
Estas heridas pueden aparecer en la autoestima, en la pareja, en la familia, en el trabajo o en la forma en que te tratas por dentro. Puede tener sentido mirarlo si notas:
En terapia podemos partir de lo que hoy se activa: una discusión, una sensación de rechazo, una mirada, un silencio, una crítica o una relación que te remueve demasiado. Desde ahí exploramos qué red de experiencias sostiene esa respuesta.
No necesitas recordar toda tu infancia con detalle. En EMDR trabajamos con lo que está disponible: recuerdos, sensaciones, creencias, emociones y patrones relacionales.
El objetivo no es culpar a nadie ni quedarte atrapado en el pasado. Es ayudarte a integrar lo vivido para que puedas relacionarte contigo y con los demás desde más seguridad.
Primero evaluaremos tu historia, tus síntomas actuales y tus recursos. En temas de apego, la preparación es importante. Antes de profundizar, necesitamos construir suficiente estabilidad y regulación.
Después trabajaremos las escenas o experiencias que siguen activas, siempre a tu ritmo. También integraremos cambios en tu vida actual: límites, autoestima, elección y nuevas formas de vínculo.
Si sientes que hay algo antiguo que sigue afectando a tu autoestima o a tu forma de vincularte, podemos trabajarlo.
Reserva tu primera sesión y valora si la terapia EMDR online puede ayudarte a sanar heridas de infancia y apego.
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